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domingo, 17 de marzo de 2013

Dominio Público




 ¿Desde cuándo hay que hacer cola para entrar a un museo?

 

El domingo pasado fui con un amigo –llamémosle García- a ver la muestra de Caravaggio en el Museo Nacional de Bellas Artes y estaba cerrada. La indolente excusa era que la noche anterior habían cerrado tarde por la Noche de los Museos, oda al consumo idiota de los espacios de arte. Absolutamente indignado tuve que darle la razón a mi amigo García, devoto detractor del consumo en general, y de la industria del espectáculo revelada en los espacios culturales en particular: el circo entretenedor montado para la Noche de los Museos es una porquería. Infinitas colas para ver mal y mal preparado un sinfín de obras artísticas que terminan absolutamente descontextualizadas, banalizadas. ¿Desde cuándo hay cola en los museos en Argentina? Desde que se convirtió al arte en parte de las industrias creativas. Y debo admitir ante mi amigo García, que tenía razón: esto no es cultura: es circo (con todo respeto por el circo). Museos nacionales y municipales cerrados un domingo en pos de una acción mediocre de supuesto acercamiento a la cultura de la gente. Una señora se quejaba en la puerta, a los gritos, indignada, “¡Que abran!”: se había venido desde González Catán como lo hace una vez por mes desde hacía 40 años y su museo estaba cerrado. Todo sea por el espectáculo.
Fue entonces que nos cruzamos con García al Centro Cultural Recoleta y para nuestra sorpresa estaba abierto, pero claro, con una muestra privada de galerías de arte que se llamaba Eggo. Entrada: 30 pesos. ¿No era que el Centro Cultural Recoleta era un museo de artistas contemporáneos con entrada gratuita? Dejemos de lado, por el momento, la idea de si es válido cobrar entrada o no. Supongamos que se pueda cobrar la entrada. Incluso que se puedan cobrar 30 pesos. No es el asunto: el tema es que le alquilan un espacio de curación supuestamente democrática a terceros, privados, para ser una feria de venta de arte. De venta, por si no quedo claro: de venta.

¿Cómo puede ser que se alquile un centro cultural de la ciudad de Buenos Aires a un tercero? En fin, esto no es nada. Dos semanas atrás me pasó con la Feria Buenos Aires Photo. Más allá del nombre en inglés, también cobraban entrada. Y también vendía fotos. ¿No era el CCR un espacio cultural de la ciudad con entrada gratuita? Ahora hay colas de gente dispuesta a pagar 30 ó 40 pesos una entrada por ver las vetas más comerciales del arte contemporáneo. Enfrente, a sólo dos cuadras, estaba el Centro Municipal de Exposiciones, predio montado para este tipo de eventos, no como el Centro Cultural Recoleta.
Aquel mismo domingo no pude entrar al Museo Nacional de Bellas Artes y al Museo Nacional de Arte Decorativo porque había una cola de dos cuadras para ver las muestras de los distintos pintores italianos del Renacimiento. ¿Desde cuándo hay cola en los museos en Argentina? Desde que la cultura se volvió parte de las industrias generadoras de dinero del capitalismo, debo admitirle, luego de años de defender a las industrias culturales, a mi amigo García. ¿Es esto democratizar la cultura o cultura para todos? ¿Dónde quedó –como diría García- la pulsión del artista que muestra su obra única e irrepetible, hermosa y reflexiva, en el contexto adecuado? NO. De ninguna manera. Esto es convertir en dinero el acceso a la cultura. Esto es generar nuevos ingresos con los excedentes de los ricos para los ricos; porque los nuevos museos y fundaciones no son otra cosa que nuevos recursos financieros que los ricos arman con los impuestos que no pagan, en su propio provecho. Recuerdo cuando decían que la TV por cable era buena porque no tenía propagandas; quizás los más jóvenes no lo sepan, pero cuando la TV por cable se inició no había propagandas en los programas; y ya ven como es ahora. Con los museos y el arte vamos rumbo a eso.
De los privados se podría entender,  porque hacen todo en función de ellos, pero que ocurra lo mismo con el ámbito del estado, es, por lo menos, polémico. Una vergüenza, dirían a coro la viejita y García. Me sumo a la orquesta.

PD: si quieren propuestas y no sólo críticas van cinco, por sólo nombrar algunas, que están convenientemente chequeadas en otros ámbitos y países.

1)      Abrir los museos hasta las 22 horas, por lo menos una vez por semana, como en Europa, para que la gente que trabaja pueda ir cualquier día y no sólo un domingo
2)     Que todos los museos tenga un día gratuito, por lo menos una vez al mes, como en Europa, incluso los privados.
3)     Que se gasten el dinero de la Noche de los Museos en llevar a todos los alumnos de todos los colegios primarios, al menos una vez por bimestre, a algún museo.
4)     Que se den talleres de arte en todos los colegios.
5)     Abrir concursos públicos para la elección de los directores de museos y centros culturales y darles presupuesto adecuado para que no haya excusas par alquilar las instalaciones a terceros. Se puede acompañar con un esquema claro y público de la vocación de cada museo y sus programas.

                                                         Robert Gynek

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