¿Desde cuándo hay que hacer cola para entrar a un museo?
El domingo pasado fui con un amigo –llamémosle
García- a ver la muestra de Caravaggio en el Museo Nacional de Bellas Artes y
estaba cerrada. La indolente excusa era que la noche anterior habían cerrado
tarde por la Noche de los Museos, oda al consumo idiota de los espacios de
arte. Absolutamente indignado tuve que darle la razón a mi amigo García, devoto
detractor del consumo en general, y de la industria del espectáculo revelada en
los espacios culturales en particular: el circo entretenedor montado para la
Noche de los Museos es una porquería. Infinitas colas para ver mal y mal
preparado un sinfín de obras artísticas que terminan absolutamente
descontextualizadas, banalizadas. ¿Desde cuándo hay cola en los museos en
Argentina? Desde que se convirtió al arte en parte de las industrias creativas.
Y debo admitir ante mi amigo García, que tenía razón: esto no es cultura: es
circo (con todo respeto por el circo). Museos nacionales y municipales cerrados
un domingo en pos de una acción mediocre de supuesto acercamiento a la cultura
de la gente. Una señora se quejaba en la puerta, a los gritos, indignada, “¡Que
abran!”: se había venido desde González Catán como lo hace una vez por mes
desde hacía 40 años y su museo estaba cerrado. Todo sea por el espectáculo.
Fue entonces que nos cruzamos con García
al Centro Cultural Recoleta y para nuestra sorpresa estaba abierto, pero claro,
con una muestra privada de galerías de arte que se llamaba Eggo. Entrada: 30 pesos.
¿No era que el Centro Cultural Recoleta era un museo de artistas contemporáneos
con entrada gratuita? Dejemos de lado, por el momento, la idea de si es válido
cobrar entrada o no. Supongamos que se pueda cobrar la entrada. Incluso que se
puedan cobrar 30 pesos. No es el asunto: el tema es que le alquilan un espacio
de curación supuestamente democrática a terceros, privados, para ser una feria
de venta de arte. De venta, por si no quedo claro: de venta.
¿Cómo puede ser que se alquile un
centro cultural de la ciudad de Buenos Aires a un tercero? En fin, esto no es
nada. Dos semanas atrás me pasó con la Feria Buenos Aires Photo. Más allá del
nombre en inglés, también cobraban entrada. Y también vendía fotos. ¿No era el
CCR un espacio cultural de la ciudad con entrada gratuita? Ahora hay colas de
gente dispuesta a pagar 30 ó 40 pesos una entrada por ver las vetas más
comerciales del arte contemporáneo. Enfrente, a sólo dos cuadras, estaba el Centro
Municipal de Exposiciones, predio montado para este tipo de eventos, no como el Centro Cultural
Recoleta.
Aquel mismo domingo no pude entrar al Museo
Nacional de Bellas Artes y al Museo Nacional de Arte Decorativo porque había
una cola de dos cuadras para ver las muestras de los distintos pintores
italianos del Renacimiento. ¿Desde cuándo hay cola en los museos en Argentina?
Desde que la cultura se volvió parte de las industrias generadoras de dinero
del capitalismo, debo admitirle, luego de años de defender a las industrias
culturales, a mi amigo García. ¿Es esto democratizar la cultura o cultura para
todos? ¿Dónde quedó –como diría García- la pulsión del artista que muestra su
obra única e irrepetible, hermosa y reflexiva, en el contexto adecuado? NO. De
ninguna manera. Esto es convertir en dinero el acceso a la cultura. Esto es
generar nuevos ingresos con los excedentes de los ricos para los ricos; porque
los nuevos museos y fundaciones no son otra cosa que nuevos recursos
financieros que los ricos arman con los impuestos que no pagan, en su propio
provecho. Recuerdo cuando decían que la TV por cable era buena porque no tenía
propagandas; quizás los más jóvenes no lo sepan, pero cuando la TV por cable se
inició no había propagandas en los programas; y ya ven como es ahora. Con los
museos y el arte vamos rumbo a eso.
De los privados se podría entender, porque hacen todo en función de ellos, pero
que ocurra lo mismo con el ámbito del estado, es, por lo menos, polémico. Una vergüenza,
dirían a coro la viejita y García. Me sumo a la orquesta.
PD: si quieren propuestas y no sólo críticas
van cinco, por sólo nombrar algunas, que están convenientemente chequeadas en
otros ámbitos y países.
1) Abrir los museos hasta las 22
horas, por lo menos una vez por semana, como en Europa, para que la gente que
trabaja pueda ir cualquier día y no sólo un domingo
2) Que todos los museos tenga un día
gratuito, por lo menos una vez al mes, como en Europa, incluso los privados.
3) Que se gasten el dinero de la
Noche de los Museos en llevar a todos los alumnos de todos los colegios
primarios, al menos una vez por bimestre, a algún museo.
4) Que se den talleres de arte en
todos los colegios.
5) Abrir concursos públicos para la
elección de los directores de museos y centros culturales y darles presupuesto
adecuado para que no haya excusas par alquilar las instalaciones a terceros. Se
puede acompañar con un esquema claro y público de la vocación de cada museo y
sus programas.
Robert Gynek
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